"Al hombre perverso se le conoce en un sólo día, para conocer al hombre justo hace falta más tiempo" Sófocles
Según las investigaciones, las representaciones teatrales tienen sus orígenes en las ritos y celebraciones ceremoniales.
El propio nombre de la tragedia viene de “tragodia” (tragos= chivo/oide=canción) pues en las celebraciones para Dionisios se ejecutaba el sacrificio de estos animales.
Las tragedia griegas presentan una estructura de la triple unidad, es decir se desarrollan en un mismo tiempo, en un mismo espacio y alrededor de un acontecimiento central.
Mas la historia y los demás elementos contextuales los proporciona el coro y el corifeo.
La tragedia griega presenta un esquema rígido. Se inicia generalmente con un prólogo, que según Aristóteles es lo que antecede a la entrada del coro. Las características generales son que se da la ubicación temporal y se une el pasado del héroe con el presente. Es en este punto que se informa al espectador del porqué del castigo que va a recibir el héroe y en esta parte no interviene el coro.
Prosigue la “párodos” que son cantos a cargo del coro, durante su entrada en la "orchestra" (ὀρχέστρα), por el lateral izquierdo. En esta parte se realiza un canto lírico acompañado de una propuesta danzística.
Luego comienzan los actos que pueden ser hasta cinco. En ellos hay diálogo entre el coro y los personajes o entre personajes; es la parte más importante por ser la dramática por excelencia y expresa el pensamiento e ideas del personaje. Entre los episodios se hallan los “estásimos”, que son intervenciones del coro en las que se expresan las ideas políticas, filosóficas, religiosas o morales del autor.
Por último, el “éxodo” es la parte final de la tragedia, hay cantos líricos y dramáticos; el héroe reconoce su error. A veces es castigado con la muerte por los dioses y es allí donde aparece la enseñanza moral.
Uno de los conceptos fundamentales en la configuración de la poética de la tragedia griega clásica es el de hybris: orgullo, altanería, insolencia, soberbia, impetuosidad, inquietud, arrebato, ultraje, violencia, desenfreno, empecinamiento, daño.
Ya Hesíodo menciona “como causa de la creciente desventura de los hombres, el progreso de la hybris y la irreflexión, la desaparición del temor de los dioses, la guerra y la violencia. (…) en la edad de hierro, en la cual el poeta lamenta tener que vivir, domina solo el derecho del más fuerte. Solo los malhechores pueden afirmarse en ella” .
La significación originaria de hybris es acción contraria a derecho que perjudica a alguien, en oposición a “themis”, que es la autoridad del derecho y a “diké” que es el cumplimiento de la justicia.
La hybris es una maldición.
Sin embargo todos estos elementos debemos observarlos en la manifestación del proceso catártico: ate, hybris y némesis, ellas constituyen un proceso o un ciclo en la vida de cada ser humano:
- Ate - El pensar en hacer algo - casi siempre es pensar en hacer algo malo-
- Hybris - El cometer o realizar el acto
- Némesis - El castigo de ese acto o es la pago por haberlo cometido.
Este es el proceso que presentan las tragedias griegas, en las que el espectador vive primero una relación mimética, se iguala e identifica con el héroe y personaje, más al final se siente repudiado y castigado por el castigo recibido.
La Némesis particular resultante hace nacer en el individuo que asiste a la representación sentimientos de piedad y terror que permiten que la mente se purifique de las pasiones negativas que cada hombre posee.
La catarsis final para Aristóteles representa la toma de conciencia del espectador, que, comprendiendo a los personajes, alcanza este estado final de conciencia, distanciándose de sus propias pasiones y alcanzando un avanzado nivel de sabiduría.
El defecto o la debilidad del personaje conlleva necesariamente a su caída en cuanto predestinada. La caída del héroe trágico es necesaria, porque de un lado podemos admirar la grandeza (se trata casi siempre de un personaje ilustre, y poderoso) y por otro podemos, como espectadores, obtener un beneficio a partir de la historia.
- Edipo Rey

Es una de las piezas más perfecta de la tragedia griega y de la literatura universal, que relata la historia de un noble príncipe que está predestinado antes de nacer.
Estando Edipo en las entrañas de su madre, recibe la profecía del oráculo que profetiza lo siguiente del joven príncipe: “matar a su padre y casarse con su madre”. Layo, temeroso, abandona a su hijo en el monte para que las fieras lo devoraran. Edipo es encontrado por un Rey que no tenia hijos, y es adoptado como hijo. Al consultar un oraculo sobre su destino, Edipo horrorizado, decide abandonar el reino y viajar. Con este hecho, el destino inexorable se encarga de cumplir fielmente esta profecía, pues Edipo con sus manos le da muerte a Layo, su padre, se casa con su madre, Yocasta y termina concibiendo 4 hijos con ella (Polinices, Eteocles, Antígona e Ismena)
Al enterarse de la verdad, y comprobar que su madre se había suicidado, Edipo se arranca los ojos con unos aretes de oro y pide ser desterrado al monte, donde fue abandonado al nacer, para que fuera devorado por las fieras.
“¿Quién tiene más triste historia, quién es presa de tantos pesares, de tantos trabajos con tan súbita catástrofe? ... ¡Oh! Edipo, Edipo el famoso, cual padre y cual hijo fuiste a caer en un mismo puerto, en un mismo regazo...”
El público deliraba con esta obra, pues observaban a un rey sufriendo los pesares más grandes y trágicos, y ellos hombres comunes con sus penas y miserias se daban cuenta que no eran nada frente a este hombre sometido a la crueldad del destino.
Sófocles plantea la primera interrogante: ¿Somos realmente libres y dueños de nuestro destino? Aparentemente, por lo visto en la obra, el hombre esta condenado a su vida ya trazada. El hecho de estar condenado a un destino que, no importa lo que hagamos, no podemos cambiar, y que el libre albedrío no existe, sino que somos marionetas de fuerzas más allá de nuestra comprensión, es sin duda una idea que aun provoca discusión.
¿Existe el destino? Si es así, es bueno cuestionarse hasta que punto el hombre es dueño de él y como puede cambiarlo. La otra pregunta es si el hombre es quien realmente se labra el destino con sus manos. Esta interrogante nace con fuerza en la época de los griegos, principalmente por sus creencia politeísta y como estos dioses “jugaban” con las vidas de los mortales y se involucraban activamente con los seres humanos. Aparte nace también por la Filosofía que va madurando durante esta época.
La clave a esta interrogante todavía es difícil de contestar. Algunas cosas parecen que estuvieran destinadas a pasar, pero otras se nos presentan como frutos de nuestra siembra. Podría ser que el mito del destino sea en cierta manera verdadero, pero también esta el hecho que uno es quien decide que destino tener.
Sófocles plantea una segunda interrogante: ¿Asumimos al nacer, genética y existencialmente los dones y pesares de nuestros ancestros? ¿Fue realmente culpable Edipo? ¿Merecía su castigo? Lo paradojal es que sus hijos “heredan” también las consecuencias de sus acciones. ¿Lograrán realmente liberarse de esta rueda existencial?
El mito de que nuestro destino es heredado de nuestros padres, o que heredamos sus culpas (pecados) no es nuevo. Ya en la antigua Asia se habla del Karma, y como nuestros descendientes deben pagar por nuestras ofensas. El hecho de que Layo fuera condenado a tener un hijo que le daría muerte, viene por su falta cometida a un Rey que le acogió y Layo abusó de su hijo, y el padre de Edipo es maldecido por el monarca ofendido.
Queda preguntarse si nuestras faltas pasan a nuestra descendencia, y si el destino fatídico que tenemos es para pagar las culpas de nuestros padres, y así lograr una cierta armonía, una especie de “Justicia Divina.“
La tercera interrogante planteada por Sófocles en esta tragedia es: ¿Cuál es el origen “edípico” que une misteriosamente a una madre con su hijo?
Ya en el sicoanálisis de Freud se habla de esta relación que tenemos los varones con nuestros progenitores: “odio por el padre y amor por la madre”. También es cierto que las mujeres son aprensivas con los hijos varones, y que tratan a sus parejas como “hijos”.
Era difícil saber el origen de este comportamiento en la época de los griegos, pero Sófocles es capaz de ver esta relación madre-hijo en las personas, y con una delicadeza lleva esta conducta a la obra teatral. El resultado: la catarsis, la depuración de las pasiones, que nos muestra lo más oscuro de nuestra alma, nuestros más ocultos pensamientos de nuestro ser.
Comedia Griega
La comedia, en ese contexto, era un tipo de representación pensado para la diversión y la risa. Y nadie escapaba a una posible burla. Filósofos, poetas, oradores, aristócratas, estadistas y políticos, nadie se libraba de ser ridiculizado, ni tan siquiera los dioses.
A estas representaciones acudía el pueblo en masa, buscando una vía de escape, un paréntesis en el que pudieran burlarse de todo, hacer cosas que el resto del tiempo le estaban vedadas. Y es lógico pensar que, a pesar de transcurrir en este ambiente bufonesco, hubiera quien tratara de censurar este género. Un decreto del año 440 a.C. trató de limitar la burla, pero no logró absolutamente nada.
- Las Avispas
La obra gira en torno a Filocleón (que significa amigo de Cleón), y su hijo Bdelicleón (que odia a Cleón), cuyos nombres forman un juego de palabras que se burla del juez ateniense Cleón. Filocleón es adicto a los juicios de la corte ateniense, y pasa todo su tiempo como miembro del jurado, juzgando a los demás.
Bdelicleón quiere ayudar a su padre, así que le encierra en casa, pero Filocleón hace todo lo posible por salir de allí para ir a al juzgado. Protagoniza unos cómicos y poco exitosos intentos de fuga, incluida una triquiñuela tramada por Ulises en el capítulo del Cíclope de La Odisea. Los otros miembros del jurado y compañeros de Filocleón, vestidos de avispas, van a rescatarle. Bdelicleón y sus sirvientes pelean contra las avispas, quienes a pesar de tener aguijones, son pronto derrotadas. Después de esto, Bdelicleón discute con su padre, y pronto les demuestra a él y al coro que al ser miembros del jurado no consiguen nada más que servir a los demagogos. Incluso con el coro derrotado, Filocleón se resigna a quedarse en casa.
Para ayudar a su padre a superar su adicción, Bdelicleón monta un juzgado en su propia casa para que su padre lo presida. A falta de alguien a quien acusar, Filicleón juzga al perro de la familia por haberse comido un poco de queso siciliano (aparentemente esto hacía referencia a un juicio reciente en el que Cleón acusó al general ateniense Laques por aceptar sobornos de los enemigos sicilianos de Atenas. Posiblemente sea también una burla del juicio de Cleón al mismo Aristófanes, riéndose de que Cleón, también conocido como el perro, le imputara con lo que Aristófanes consideraba unos cargos ridículos).
En un juicio absurdo, Bdelicleón defiende el perro y, cuando todo lo demás falla, un grupo de niños vestidos como los cachorros del perro salen a escena. Filocleón ni se inmuta, pero Bdelicleón intercambia las cajas donde estaban depositados los votos sin que se diera cuenta, haciendo que su voto apareciera junto con los que le consideraban inocente. Cuando se cuentan "todos los votos", y se absuelve al perro, Filocleón se desmaya, pues hasta ahora jamás había absuelto a nadie.
Entonces ambos acuden a un simposio. Profundizando en el tema del cambio de roles, Bdelicleón le enseña a su padre cómo comportarse de forma adecuada en el simposio. En esta escena vemos una (intencionada) inconsistencia de Bdelycleón como personaje: expresa su desdén por cómo Cleón manipulaba a los miembros del jurado, pero sin embargo le hace la rosca a Cleón y a sus siervos en esta reunión de clase alta.
Sólo se muestran las conscecuencias de esa fiesta al final: Filocleón se emborrachó, insultó a casi todo el mundo en el simposio, secuestró a una flautista, y golpeó una bandeja de pan. Algunos a los que ofendió durante la noche vienen a informarle de las denuncias que le pondrán, pero el despreocupado Filocreón se ríe de ellos. Lo importante es que está feliz; el coro comenta que ha mejorado considerablemente. La obra termina con un final absurdo y acorde con la trama, cuando Filocleón reta a tres cangrejos (los hijos de Carcino, que representan a los dramaturgos de Atenas) a participar en un concurso de baile. En este relato literario podemos observar un claro ejemplo de la sátira.
Mito del Minotauro

El Rey Minos, de Creta, tenía varios hijos: Ariadna, Fedra, Glauco, Catreo, pero su predilecto era Androgeo, joven fuerte y vencedor en el gimnasio y la palestra.
Cuando en Atenas se organizaron los juegos en honor de Palas Atenea, se reunieron los mejores atletas griegos, y allí partió Androgeo, para medirse con los más fuertes paladines de la Hélade, con el beneplácito de Minos, quien esperaba a su hijo regresar con la corona del triunfo.
El joven príncipe logró vencer en todas las pruebas a sus rivales, los mejores campeones de la ciudad. Pero los atenienses, en lugar de victorearlo, hicieron recaer su furia sobre él, por haber derrotado a sus luchadores, y esa misma noche le dieron muerte.
Al recibir la noticia el Rey Minos, sintió un inmenso dolor, pero inmediatamente se despertó en él un irrefrenable deseo de venganza, y marchó con un numeroso ejército a sitiar a Atenas, hasta que logró que se rindieran incondicionalmente, e impuso condiciones y penas terribles.
Entre sus condiciones, estableció que durante nueve años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a siete robustos jóvenes y a siete doncellas, quienes serían las víctimas que se ofrecerían para ser devorados por el minotauro.
El minotauro, mitad hombre y mitad toro, vivía en un laberinto, cercano a Cnosos, capital de Creta. Estaba encerrado en dicho laberinto y se alimentaba de carne humana, de esclavos y prisioneros de guerra, así como los jóvenes atenienses, que enviaba el rey Minos.
Año a año, llegaban los mensajeros de Creta a elegir a sus víctimas.
Al tercer año, un joven y gallardo joven hijo del rey ateniense Egeo, llamado Teseo, se ofreció voluntariamente, pues se consideraba capaz de enfrentar y dar muerte al minotauro.
Al enterarse el Rey Minos, expresó:
- Como miembro de la familia real estás eximido de ir como víctima. Pero si insistes, te diré que, aunque mates al minotauro, jamás encontrarás la salida del laberinto.
-No me importa- respondió el joven Teseo, me basta con matar al monstruo y ser útil a Atenas.
Ariadna, quien escuchó el diálogo, secretamente, por la noche se acercó al joven y le entregó un puñal y un ovillo de hilo, diciendo:
-Con este puñal mágico, podrás atravesar el corazón del minotauro, y si sigues el hilo de este ovillo podrás hallar la salida.
Agradecido quedó el joven Teseo, y penetró en el laberinto, desenvolviendo el ovillo de hilo. Durante horas recorrió el laberinto hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del monstruo con el puñal que le entregara la bella Ariadna. El minotauro expiró entre convulsiones. Y Teseo rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino de regreso siguiendo el hilo.
Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y del salvaje castigo que año a año debían tributar al minotauro.
Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas.
- Casa del Asterión:

El cuento se narra en forma de monólogo por parte de Asterión, ser que vive en una inmensa casa a la que describe dotada de infinitas (14) puertas sin cerraduras, carente de mobiliario y en la que existen numerosos pasadizos, habitaciones, corredores y patios. A lo largo de los años Asterión vaga por su interminable morada, la cual cree infinita. El personaje explica su personalidad narrando eventos del pasado, como el atardecer en que dió en salir, pero el temor que le infunden los rostros y actitudes de las gentes del exterior, lo obliga a internarse nuevamente en lo profundo de su residencia. Pasa los largos días jugando a las escondidas, corriendo por las extensas galerías, fingiendo dormir o recibiendo la visita de otro como él. Cada nueve años entran nueve hombres en la casa, a los que Asterión asesina. Uno de ellos, antes de morir, le profetiza que algún día llegará quién lo libere de su suplicio. Una mañana arriba su salvador y Asterión, muere sin defenderse.
Podría realizarse una comparación entre Asterión y el autor del cuento. Borges, por su afición a la lectura, pasaba horas enfrascado en ella, y se sentía diferente a los demás por esta causa. Si Borges fuese el minotauro, su biblioteca sería el laberinto.
Podría también hacer una comparación entre el mito de Teseo y el Minotauro y este cuento, comparándose sus múltiples diferencias, entre ellas, el carácter de redentor de Teseo, y la personalidad del Minotauro, que en este cuento no es un monstruo sino una simple persona.
Asterión es un monstruo que como tal, desconoce su condición. El temor no es infundido por él sino por los demás, que son distintos. La soberbia impide asemejarse a los otros; el personaje se sabe único, hijo de una diosa y vanidosamente se considera capaz de haber creado el mundo y haberse olvidado de ello.
La imaginación es lo único que le permite hacer la soledad más tolerable. La muerte es una especie de liberación de todo mal; así como él redime a los hombres que entran al laberinto, Teseo lo libera a Asterión del suyo.

